
Pero al ver que estaba dirigida por Gus Van Sant, autor de películas como Todo por un sueño o El indomable Will Hunting y al leer la frase “Una visión diferente de la matanza de Columbine” plasmada en su cartel cinematográfico, me hizo suponer que seguramente este film tendría una visión diferente y algo nuevo que aportar respecto a aquella masacre de estudiantes acaecida el 20 de abril de 1999.
Lo cierto es que este film es una excelente y muy inteligente reconstrucción de la matanza del instituto Columbine. Se respira en ella una continua y enorme tensión en todas sus imágenes, desde el primer minuto hasta el último de la película. Además, el hecho de que se sepa de antemano lo que va ocurrir añade más angustia a la película ya que se desconfía de todos los personajes adolescentes que van apareciendo en ella y que nos va presentando su director.
Elephant contiene inmensos e intensos primeros planos, escenas filmadas a espaldas de los protagonistas cuando están charlando tranquilamente, o practicando deporte, o realizando cualquier otra actividad… La cámara se limita a observar a estos protagonistas adolescentes, les espía sigilosamente, es testigo silencioso de ellos. Su presencia se circunscribe a reflejarnos lo que pasaba en esos pasillos y aulas y esto hace incrementar la sensación de realismo.
Toda la película es muy objetiva y real. Nos presenta a los personajes sin más, sin hablarnos de sus vidas, sin crear lástima o compasión hacia ellos, sin entrar ni profundizar en la vida de ninguno de los adolescentes que aparecen el film.
No hay protagonistas principales ni actores estrellas o famosos porque ello desvirtuaría la atención de los espectadores y se perdería el fin de de película, es decir, el de hacernos ver sencillamente lo que se respiraba en los momentos previos a la tragedia, momentos de aparente calma para las futuras víctimas pero de continua angustia para los espectadores del film. No hay más pretensiones, sólo la de reflejar eso instantes previos.
Y esos momentos nos les muestra la cámara desde distintos planos, desde distintos personajes, desde diferentes puntos de vista… Pero todos en un mismo y único escenario, en el que se desencadenará la tragedia final. El montaje de este film es magistral, un experimento cinematográfico cuasi-documental con un resultado óptimo, muy bueno.
El director del film, Gus Van Sant, nos va presentando a los personajes con sus respectivos nombres pero no profundiza en sus vidas y les concede muy pocas palabras. En la primera media hora del film, no hay prácticamente conversaciones y las que hay son escasas en esencia y contenido. Los espectadores nos convertimos en observadores pasivos de los momentos previos que desencadenaron los desagradables hechos que fundamentan la película.
Son conversaciones normales, cotidianas, simples. Diálogos vulgares que mantenían los jóvenes que andaban con tranquilidad por los pasillos del instituto o que estaban en sus clases, o en grupo charlando apaciblemente y que sin previo aviso… se encontraron con la muerte de cara. Ese impacto repentino, ese inesperado imprevisto, ese momento…es el que busca el director, pero sin sentimentalismos. No quiere que sintamos lástima o compasión por las víctimas ni tampoco odio hacia los autores de la matanza. No, no lo quiere pero tampoco lo evita... Deja libertad de emociones y sentimientos al espectador, él sólo se limita a enseñarnos cómo ocurrieron los hechos y las vivencias previas de esto chavales adolescentes, tanto de las víctimas como de los autores. Se limita a contar los hechos sin más.
Gus Van Sant evita provocar posicionamientos de sentimientos facilones, prefiere que sea el propio espectador quien elija dónde quiere posicionarse. Esto es lo que hace diferente a esta película. No nos encariña con los personajes que nos va presentando. Esto sería lo fácil (y a lo que estamos acostumbrados a ver en la mayoría de las películas). No nos cuenta sus vidas ni empatiza con ellos. No juega con los sentimientos de los espectadores.
Muy realista igualmente es su forma de contarnos los sucesos finales acaecidos. Gus Van Sant no nos ensordece ni acongoja con tiros, gritos, sangre y pánico. Presenta visualmente las escenas más duras del film de una forma casi metafórica, es decir, de una manera en la que juega más con la imaginación del espectador que con el realismo puro y duro de los hechos en sí acontecidos. Aunque no por ello resultan más agradables de contemplar, ya se sabe, a veces es peor “imaginar” que “ver”.
Como pequeña crítica, tan sólo comentar que quizás se echa de menos en la película algún matiz de planteamiento que explicara posibles causas de los sucesos ocurridos. Que hubiera esbozado posibles respuestas a la pregunta de qué se les pasaría por la cabeza a los autores de la matanza para tomar una decisión tan desproporcionada y fatal (pero a la vez tan meditada y planeada). Porque el film sólo nos cuenta las gestiones previas de los autores para adquirir armas por Internet y cómo planificaron con planos del instituto la escena del crimen, pero en ningún momento entra a valorar posibles causas por las que llegaron a hacerlo.
Sólo nos narra los pormenores previos a los hechos, sólo quiere mostrarnos lo que ocurrió, alejándose de emociones vinculantes y de preguntas sin respuesta. Como os digo, el film se limita a contarnos los hechos en sí, lo que ocurrió aquella trágica mañana pero sin recrearse en el morbo. Y esto de que no se juegue con los sentimientos del espectador para que no nos posicionemos con unos o con otros es de agradecer. Hacer lo contrario hubiera sido lo fácil.
La tensión se mantiene durante todo el film, no decae en ningún momento y esto es una genialidad por parte del director porque no olvidemos que nos está contando una historia basada en hechos reales de la que ya sabemos su final. Sin embargo no pierde fuerza ni intensidad.
Y en medio de toda esta atmósfera de tensión… suenan fragmentos de “Para Elisa” y otras sinfonías de piano de Beethoven... Creo que si os animáis a verla no os defraudará.
Acabo mi visión sobre esta película con un segmento que me gustó mucho contenido en la sinopsis que hace sobre esta película la web de La Butaca, Revista de Cine:
“Parece un día cualquiera… pero no lo es. Elephant nos sumerge en las vidas de varios alumnos de un instituto americano. Un día cualquiera con sus clases, el fútbol, los cotilleos y las relaciones sociales. El filme nos muestra las idas y venidas de los personajes desde un punto de vista que nos permite verlos tal y como son. Para cada alumno que conocemos, el instituto es una experiencia diferente: estimulante, traumática, solitaria, dura, agradable…”
Por cierto, tengo mucha curiosidad en saber la respuesta de una pregunta que os la formulo por si alguno de vosotros la sabéis y me lo podéis contar y es la siguiente:
Gus Van Sant evita provocar posicionamientos de sentimientos facilones, prefiere que sea el propio espectador quien elija dónde quiere posicionarse. Esto es lo que hace diferente a esta película. No nos encariña con los personajes que nos va presentando. Esto sería lo fácil (y a lo que estamos acostumbrados a ver en la mayoría de las películas). No nos cuenta sus vidas ni empatiza con ellos. No juega con los sentimientos de los espectadores.
Muy realista igualmente es su forma de contarnos los sucesos finales acaecidos. Gus Van Sant no nos ensordece ni acongoja con tiros, gritos, sangre y pánico. Presenta visualmente las escenas más duras del film de una forma casi metafórica, es decir, de una manera en la que juega más con la imaginación del espectador que con el realismo puro y duro de los hechos en sí acontecidos. Aunque no por ello resultan más agradables de contemplar, ya se sabe, a veces es peor “imaginar” que “ver”.
Como pequeña crítica, tan sólo comentar que quizás se echa de menos en la película algún matiz de planteamiento que explicara posibles causas de los sucesos ocurridos. Que hubiera esbozado posibles respuestas a la pregunta de qué se les pasaría por la cabeza a los autores de la matanza para tomar una decisión tan desproporcionada y fatal (pero a la vez tan meditada y planeada). Porque el film sólo nos cuenta las gestiones previas de los autores para adquirir armas por Internet y cómo planificaron con planos del instituto la escena del crimen, pero en ningún momento entra a valorar posibles causas por las que llegaron a hacerlo.
Sólo nos narra los pormenores previos a los hechos, sólo quiere mostrarnos lo que ocurrió, alejándose de emociones vinculantes y de preguntas sin respuesta. Como os digo, el film se limita a contarnos los hechos en sí, lo que ocurrió aquella trágica mañana pero sin recrearse en el morbo. Y esto de que no se juegue con los sentimientos del espectador para que no nos posicionemos con unos o con otros es de agradecer. Hacer lo contrario hubiera sido lo fácil.
La tensión se mantiene durante todo el film, no decae en ningún momento y esto es una genialidad por parte del director porque no olvidemos que nos está contando una historia basada en hechos reales de la que ya sabemos su final. Sin embargo no pierde fuerza ni intensidad.
Y en medio de toda esta atmósfera de tensión… suenan fragmentos de “Para Elisa” y otras sinfonías de piano de Beethoven... Creo que si os animáis a verla no os defraudará.
Acabo mi visión sobre esta película con un segmento que me gustó mucho contenido en la sinopsis que hace sobre esta película la web de La Butaca, Revista de Cine:
“Parece un día cualquiera… pero no lo es. Elephant nos sumerge en las vidas de varios alumnos de un instituto americano. Un día cualquiera con sus clases, el fútbol, los cotilleos y las relaciones sociales. El filme nos muestra las idas y venidas de los personajes desde un punto de vista que nos permite verlos tal y como son. Para cada alumno que conocemos, el instituto es una experiencia diferente: estimulante, traumática, solitaria, dura, agradable…”
Por cierto, tengo mucha curiosidad en saber la respuesta de una pregunta que os la formulo por si alguno de vosotros la sabéis y me lo podéis contar y es la siguiente:
¿Por qué este film se llamaría Elephant?