Tras ver a Philip Seymour Hoffman recientemente en Misión Imposible III y Punch-Drunk Love, en las que tiene unas apariciones breves pero llenas de fuerza y carácter, tenía mucha curiosidad de ver la interpretación que le ha dado su mayor reconocimiento internacional hasta la fecha, el Oscar al Mejor Actor en el año 2005.En la actuación de Hoffman en Truman Capote no está presente la fuerza y poderío de otras películas suyas, pero no por ello deja de ser genial y sorprendente. Su interpretación es pausada, calmada, inteligente y sobrecogedora.
Aunque en el trasfondo de la película hay una buena historia (el asesinato de cuatro miembros de una familia de campesinos en un pequeño pueblo de Kansas que despierta la curiosidad de Truman Capote de investigarlo para escribir su próxima novela sobre los sucesos acaecidos), sin embargo lo verdaderamente destacable de esta película son el alzamiento de valores tan nobles como son la amistad, la compresión, y la empatía con el incomprendido, con el débil, con el que tiene todo el mundo en su contra.
El gran protagonista del film son las conversaciones (a veces son casi monólogos) que mantiene Capote con la gente que le rodea. Sus palabras en sí llenan la película. Incluso la música brilla por su ausencia, no es necesaria, la melodía son sus propias palabras.
Capote acapara el centro de atención de los que le rodean en las reuniones sociales a las que acude y encandila a todos sus oyentes con sus anécdotas y relatos que les cuenta, les hipnotiza, les deja sin habla. Es un escritor (autor de “Desayuno con Diamantes”) que destila admiración y reconocimiento en los círculos intelectuales.
Están cargadas de humor e ironía las conversaciones que mantiene Capote con su amiga escritora y autora del libro "Matar a un Ruiseñor", Harper Lee (Catherine Keene). Igualmente de interesantes son las entrevistas que establece con una de las personas acusadas del asesinato que Capote está investigando. Estas charlas en la celda están repletas de empatía y compresión hacia la persona acusada. Quizás Capote llega a sentir por él algo más que compasión.
Es una película para olvidarse del estrés y prisas del devenir diario. Reina la tranquilidad, los silencios y la riqueza de las palabras. Todo ello, acompañado de una fotografía llena de belleza.
Truman Capote es una película intelectual, pausada, seria, llena de valores… pero también… es una película algo lenta y aburrida, por qué no reconocerlo. No sé si vosotros pensáis lo mismo.