Pure, un film impregnado de un sentimiento de tanta penuria y profunda tristeza que la convierte en una de esas películas que cuando la terminas de ver evoca a tener reflexiones como “qué buena es... pero no se si la volveré a ver de nuevo algún día”…Esta sensación yo ya la había experimentado anteriormente con otras películas. Por ejemplo, me estoy acordando de Réquiem por un sueño, del director Darren Aronofsky. Gran película que analiza el mundo del consumo de las drogas y otras adiciones (como a las pastillas de adelgazamiento) desde un punto de vista tan real y cruel que el film en su conjunto resulta muy duro de visionar. El reconocimiento de calidad hacia esta película es claro pero... ¿la volveré a ver?... lo dudo... y eso que una de sus intérpretes es Jennifer Connelly con un papel de altura. Volver a disfrutar de su gran interpretación sería de las pocas motivaciones que estimularían mi ánimo de verla de nuevo.
O también me estoy acordando de la película española “Para que no me olvides”, de la directora Patricia Ferreira. Igual, muy triste a la par de bonita. Interpretada, entre otros, por Marta Etura y por el gran genio y maestro inmortal del séptimo arte Fernando Fernán Gómez. La película analiza la pérdida de un ser querido desde los sentimientos más desgarradores de la nostalgia y desde los recuerdos más abatidos por la tristeza.
Pues bien, Pure es de ese tipo de películas, es decir, una película de calidad indudable pero que provoca al espectador un doble sentimiento de rechazo y deseo de no volverla a ver durante una larga temporada. Es una película tan dura y realista como la vida misma.
Las películas europeas no se caracterizan precisamente por tener finales felices al estilo del cine rodado en Hollywood, sino más bien por ser reflejo de una sociedad más corriente y cotidiana. Sus gentes sencillas con sus tradiciones, costumbres y alegrías pero también con sus penurias y desgracias.
Pure, dirigida por Gillies MacKinnon, es un film ambientado en el East End de Londres y en él nos encontramos con unos personajes en lucha continua por la dura supervivencia dentro de un mundo que está gobernado por las drogas y las miserias. Se nos cuenta la historia de una madre, Mel (Molly Parker), en plena batalla por intentar abandonar su adicción a la heroína y así poder atender correctamente a sus dos hijos. En medio de esta lucha está su hijoPaul (Harry Eden) que con tan sólo diez años se encuentra en la vida sin la figura de su padre y con un doble papel que asumir: el de padre (para poder cuidar y proteger a su hermano pequeño) y el de marido (para poder asistir y atender a su propia madre). El sentimiento de angustia es continuo en este film.
Este niño se encuentra sólo y desemparado en el mundo, sin ayuda alguna y esto le provoca muchas veces un sentimiento de impotencia y desesperación de no poder hacerlo. Su mirada transmite continuamente tristeza, preocupación y melancolía ante una situación tan injusta que la vida le ha deparado.
El personaje de este niño, Paul (Harry Eden), es, sin duda alguna, el personaje central y clave de la película. Es impresionante ver cómo este niño, a pesar de su corta edad, asume el rol de hijo/hermano a la vez que el de padre / marido con una fortaleza y solidez digna de admirar. Las circunstancias de la vida le han puesto en alerta.
La película cuenta con momentos de mucha dureza. Uno de ellos es cuando este niño, Paul, prueba los efectos de estar “colocado” para intentar comprender qué es “esa medicina” que tanto mal produce a su madre pero que a la vez tanta dependencia y estímulo la provoca. Es una escena impactante.
Su madre sólo le aporta problemas, sólo le da disgustos y ninguna alegría... pero es SU MADRE, y esto es motivo más que suficiente para que la cuide con todo su aliento y para que defienda su honor con uñas y dientes por encima de cualquier comentario malicioso de la gente. En su esencia esta película no deja de ser una bonita y entrañable historia de amor entre un hijo y su madre.
Este gran personaje está interpretado por una maestría digna de alabar por el joven actor Harry Eden, que ya confirmó su gran talento interpretativo dando vida a uno de los niños raterillos que aparece en el reparto del Oliver Twist de Román Polanski. La presencia de este niño ante la cámara está empapado de tanta madurez interpretativa que recuerda (guardando las distancias) al actor Harvey Keitel. Fijaros lo que digo, estoy comparando a un jovencísimo actor con otro que es todo un veterano y gran actor de este oficio. Pero es tal su robustez interpretativa que en algún registro interpretativo de dureza me recuerda a él. Os animo a ver Pure sólo para que podáis observar la gran presencia de aplomo y solidez ante la cámara que transmite este joven actor en todas sus escenas logrando así dar mucha fuerza y credibilidad a su personaje.
En medio de esta historia tan dura y triste en la que no hay respiro ni tregua alguna al optimismo, aflora un personaje más risueño y alegre que aporta algo de luz a la película y es el de la joven Louise, amiga de Paul, interpretada por Keira Knightley. Curiosamente, el cartel cinematográfico de este fillm está eclipsado por su bella presencia, consecuencia obvia de la fama y éxito obtenido con su personaje de Elisabeth Swan en la trilogía pirata. Pero a pesar de ser “la estrella” de la película, lo cierto es que su personaje es más bien secundario, aunque justo es también decir que su actuación está a la misma altura interpretativa de calidad que el de los demás actores. Su personaje, una dulce y alegre muchacha que juega con su inocencia a la vez que coquetea con el mundo de las drogas.
El papel de Keira Knightley en Pure me recuerda mucho a su personaje de Jules Paxton que interpretó en sus inicios filmograficos en la película "Quiero ser como Beckham" Me explico, ya sé que en ésta, Keira interpretaba a una inocente muchacha, deportista y risueña, con aspiraciones de llegar a ser una futbolista famosa y que por supuesto en aquella película no coqueteaba con las drogas. Pero sí que su personaje era esencialmente, como ocurre igualmente en Pure, una adolescente encantadora y con ganas de divertirse y de reírse. En Pure, el personaje de Keira, aunque se mueve en un mundo mucho más duro y turbulento, sin embargo personifica igualmente a una joven encantadora y con ganas de vivir y de pasarlo bien. En ambas películas sus personajes guardan un gran sentimiento infantil de diversión e inocencia. Incluso hay un guiño en Pure a la película sobre Beckham que confirma lo que os estoy contando, ya que su personaje (Louise) queda embaraza… ¿y sabéis qué nombre le pone a su hijo?... pues sí, ese, Beckham.
Por último quiero dejaros este pequeño fragmento extraído de una crítica de la web decine21.com, que recoge en pocas líneas perfectamente la esencia de Pure:
“Film modélico a la hora de abordar situaciones extremas sin complacencias, pero de un modo humano, y con mirada positiva, señalando el amor, la fuerza de voluntad y la ayuda de los seres queridos como medios para resolver problemas. El punto de vista de la narración es, indudablemente, el de Paul, obligado a crecer antes de tiempo”
Creo que es una película que merece la pena verla… ¡auque sólo sea por una ÚNICA vez!